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Frontera. Los pueblos que viven en la escasez

En las provincias fronterizas hay comunidades sin electricidad ni agua y desempleo
miseria pobrezaZONA FRONTERIZA. Cuando nació, su padre le puso como nombre Dichosa, porque la bebé tuvo riesgo de morir por complicaciones respiratorias. Pero la vida de la niña, de un año de edad, no ha sido como su nombre. No camina por falta de vitaminas; se pasa el día en el piso, sin ropa. La mañana de un miércoles, ella y otros seis niños -sus hermanos y primos- juegan frente a su casa. Tienen las caras, pies y manos sucios de tierra, que más bien es un polvo blanquecino que resalta en sus pieles oscuras.

Milagros Medrano, el padre de Dichosa, es un agricultor dominicano que se casó con una mujer descendiente de haitianos nacida en Ávila, una comunidad rural de la fronteriza provincia Pedernales. Tienen cinco hijos y no están en la escuela. Los siete comparten una pequeña vivienda con otra familia haitiana de cinco miembros. De los cuatro adultos, solo uno sabe leer y escribir.

Medrano consiguió que la gobernación provincial le donara la madera para construir su casa, de piso de tierra. En un cuarto tiene dos mesas desgastadas y un viejo televisor. En otro hay dos camas: en una duermen siete y en la otra cinco. La ropa está almacenada en un saco que las mujeres lavarán en el río.

Afuera, su esposa está agachada, fregando calderos y cantinas bajo una enramada. Es media mañana y tiene el fogón encendido, hirviendo guineos y coditos. “Yo vivía bien mal”, dice Medrano.

Como ellos, se desenvuelven en situación de escasez otras familias en Pedernales, una de las 32 provincias de República Dominicana, que en el Mapa de la Pobreza que prepara el Ministerio de Economía se precisa que ha ido evolucionando hacia niveles de necesidad más elevados. En 1993 ocupaba el puesto 17, en 2002 subió al 9, y para 2010 se consideraba la segunda provincia más pobre.

La primera más carente es también fronteriza: Elías Piña, que se ha quedado en la misma posición en los tres años citados. Esta tiene a su vez los municipios más pobres del país: Juan Santiago, Pedro Santana y El Llano. Para el censo de población de 2010, el 41.7 % de los hogares tenía televisor, y 1.7 % acceso a Internet. El cuarto lugar es igualmente fronterizo: Independencia.

 


En Mencía, donde hay una marcada influencia de la inmigración haitiana, los niños juegan en un campo de fútbol improvisado.

Así, tres de las cinco provincias fronterizas están entre las cuatro más pobres a nivel nacional. Dajabón, con la posición 14, y Montecristi, con la 12, tienen mejores niveles de vida pero con cuadros de necesidad.

Estas provincias ocupan el 17 % del territorio del país, y sumaban 320,767 habitantes en 2010. Están en regiones que cuentan con una tasa de desempleo ampliado entre 7.99 % y 21.02 %, motivando a que cuando los jóvenes cumplen 20 años procuren emigrar.

La pobreza también trae como consecuencia la prostitución de menores, que aunque desde el 2012 se ha hecho menos visible por el trabajo de las redes de organizaciones en favor de la niñez, aún se detectan puntos en pequeños hoteles y terminales de vehículos.

“Se da en toda la frontera porque es un medio de vida”, dice Adela Matos, representante en Jimaní de la ONG Visión Mundial. Estima que el 90 % de las menores trabajadoras sexuales es haitiana, y entre sus clientes están choferes de camiones y militares.

La vida nocturna en las provincias incluye la prostitución de menores en puntos especiales.

Ante las necesidades socioeconómicas, además de Visión Mundial, al menos 58 entidades, entre Organizaciones No Gubernamentales y asociaciones, trabajan con grupos vulnerables, teniendo impacto programas de la Unión Europea, las agencias Alemana de Cooperación, Cooperación Internacional del Japón y Española de Cooperación, y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo.

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Sin agua ni electricidad

El servicio de agua potable en las provincias fronterizas empieza a escasear desde donde empieza Pedernales, en Los Cocos, hasta Montecristi. En algunos pueblos la buscan en llaves públicas o pozos, y en otros la almacenan cuando se suministra.

Uno de los que tiene inconvenientes es el proyecto habitacional Boca de Cachón, en Independencia, que con 560 viviendas es una obra insignia del gobierno de Danilo Medina. Además, en Restauración, Dajabón, hay mujeres que todavía lavan en el río.

Sobre el servicio energético, Pedernales, Elías Piña, Montecristi y Dajabón, están entre las ocho provincias con mayores carencias.

En Mencía, Aguas Negras y La Altagracia, que son comunidades agrícolas de Pedernales, no lo tienen desde que Joaquín Balaguer dejó de gobernar a principio de los 90. Los vecinos de Mencía cuentan que recibieron paneles solares del Gobierno siguiente del oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD), pero algunos los vendieron y otros fueron robados.

En Aguas Negras se imparte docencia en la escuela con la luz que entra por las puertas y ventanas. Los días nublados se dificulta la lectura.


Ólvito Méndez vive sin energía eléctrica en la comunidad La Altagracia de Pedernales.

Para encontrar una solución, representantes de las comunidades trabajan con la Unidad de Electrificación Rural y Suburbana (UERS) en la construcción de una minicentral hidroeléctrica en el río Mulito. “Adonde no hay luz, uno no puede echar para adelante”, dice Dionisio Rosario, de la Junta de Vecinos de Mencía.

La meta es llevar el servicio a los hogares, aunque en Mencía apenas quedan unas 90 familias porque muchas se han ido debido al mal estado de las viviendas.

Los vecinos atribuyen a deficiencias de los ingenieros del Gobierno, el hecho de que se hayan caído los techos de más de 33 casas construidas en la década del 70, durante los 12 años de Balaguer, y otras habitadas estén en riesgo de colapsar. Pantaleón Díaz abandonó la suya y se marchó a vivir alquilado. “Me dijeron: Si te quedas ahí, un día te vamos a hallar aplastado totalmente”, recuerda.

Pantaleón Díaz en la casa que tuvo que abandonar.

En el municipio cabecera de Pedernales aún están erigidas viviendas construidas por la minera Alcoa Exploration Company, que se marchó del país a mediados de los años 80. Los gobiernos de Balaguer y del PLD construyeron también proyectos habitacionales. No obstante, la provincia tiene una carencia en viviendas de 8.2 %, a diferencia de Elías y Piña y Dajabón que están entre el grupo de menos necesidad, con 2.3 % y 2 %, respectivamente.

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Servicios estatales

Aunque hay escuelas que necesitan remodelación y ampliación, el Gobierno está invirtiendo en los planteles fronterizos, inclusive varios están en el programa de Jornada Extendida.

Donde existe un desbalance es en los locales de instituciones públicas, que a falta de empleo en las provincias, sirven de fuente de trabajo. Comendador, el municipio cabecera de Elías Piña, cuenta con un edificio adecuado para las labores judiciales, inaugurado en 2006. Sin embargo, el Juzgado de Paz del Distrito Municipal de Oviedo, en Pedernales, ocupa una casa cuyo baño también es usado como archivo, y el agua para la limpieza la compran a camiones cisterna. Solo hay audiencia los martes, cuando va el representante del Ministerio Público.

Baño compartido con el Archivo del Juzgado de Paz de Oviedo.

Al igual ocurre con los puestos de la Policía Nacional. Mientras se han construido nuevos con diseños de concreto, en el municipio Juan Santiago de Elías Piña, el destacamento es una desvencijada casa de madera, y en su interior hay una cárcel retentiva con puerta de tablas; el baño es una letrina y el agente del día anota las denuncias en un cuaderno.

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Bomberos sin camiones

El Cuerpo de Bomberos no tiene buena representación. El camión de la estación de Jimaní, un municipio de clima seco de la provincia Independencia, tiene cuatro años dañado por problemas en el motor, y en su lugar el personal usa una bomba para succionar el agua.

Aunque la estación de Comendador cuenta con un camión, le hace falta sustituir las mangueras; también, reparar dos ambulancias, y equipar a sus miembros con nuevos uniformes. En todo el municipio cabecera hay un solo hidrante, colocado durante la dictadura de Trujillo, que los bomberos cuidan con celo.

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