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Tácticas de guerra; Alex Rodriguez

No es mi intención sugerir que Bud Selig está justo al lado de Abraham Lincoln, o que Rob Manfred es una versión moderna de William Tecumseh Sherman, pero ténganme paciencia cuando les diga esto; hay algunas cosas paralelas aquí que debemos señalar. Luego que Sherman saqueara a Atlanta in 1864, hubo algunos cuestionamientos en los líderes de la Unión sobre lo que el ejército de Sherman debía hacer. Sherman propuso una guerra total a su superior, el general Ulysses Grant: Él quería que su ejército marchara a través de la población civil de Georgia, porque sería más efectivo ante un…

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Alex_rodriguez_corte_federalNo es mi intención sugerir que Bud Selig está justo al lado de Abraham Lincoln, o que Rob Manfred es una versión moderna de William Tecumseh Sherman, pero ténganme paciencia cuando les diga esto; hay algunas cosas paralelas aquí que debemos señalar.

Luego que Sherman saqueara a Atlanta in 1864, hubo algunos cuestionamientos en los líderes de la Unión sobre lo que el ejército de Sherman debía hacer. Sherman propuso una guerra total a su superior, el general Ulysses Grant: Él quería que su ejército marchara a través de la población civil de Georgia, porque sería más efectivo ante un enemigo que había hheco el primer disparo — un enemigo que había instigado la guerra.

Como escribe H.W. Brands en su libro “The Man Who Saved The Union,” su biografía de Grant, Sherman dijo, “La guerra es crueldad y no se puede refinar; aquellos que trajeron la guerra a nuestro país se merecen todas las maldiciones que un pueblo pueda derramar sobre ellos… Es lo mismo que apelar ante la tormenta que ante las terribles dificultades de la guerra”.

Así que Sherman llevó la batalla a través de Georgia, destruyendo hogares, cosechas, y vías de comunicación, atacando el ganado y dejando de lado la cortesía. Atrás quedaban los días cuando los ejércitos se colocaban en líneas contrarias en campo abierto e intercambiaban disparos. Los tiempos habían cambiado, y esperar que la pelea se desarrollara con decoro de guante blanco era simplemente irregal, y Lincoln, Grant, y Sherman reconocían eso. Cada uno de ellos odiaba la guerra, odiaba el hecho que la misma había llegado hasta ellos, pero sentían que era su responsabilidad el librarla tan efectivamente como pudieran y terminarla lo antes posible.

Sherman reconoció que a veces los soldados de la Unión se habían excedido en sus órdenes, y habían cometido actos indecorosos. Pero su esperanza a largo plazo era que la guerra era tan terrible que desalentaría a otros de volver a librarla nuevamente.

Por un periodo de dos décadas, el béisbol de Grandes Ligas y la asociación de jugadores ignoraron la lucha que se necesitaba contra jugadores individuales que utilizaban sustancias para mejorar el rendimiento, alimentando el problema con su inacción. El liderato en el lado gerencial reconoció esto, y también lo hizo la MLBPA, que cambió de opinión en el 2002, y acordó llevar a cabo pruebas de detección de sustancias a la luz de las necesidades prácticas. Este es un punto realmente importante: La pelea contra las drogas para mejorar el rendimiento no pertenece a la gerencia de MLB; le pertenece a la gerencia de los equipos y los jugadores.

Sería conveniente para todo el mundo si esos que están intentando vencer al sistema de pruebas fueran predecibles en las formas que están intentando tener éxito. Sería buenisimo para todos los involucrados si los tramposos voluntariamente entregaran sus muestras de orina sin planificar nada, y cuando se les atrape, levanten sus manos al aire, bajen su cabeza y digan, “Me atraparon”, con confesiones completas que pudieron ser escritas para una serie detectivesca de los años 60.

Pero así no es que funcionan las cosas. Aquellos que intentan hacer trampas se la pasan estudiando los reglamentos para encontrar lagunas, y apuntan detalles, como cuando los recolectores de las muestras llegan a los lugares, y cuando son las mejores oportunidades para hacer trampas. Por ejemplo: Los jugadores dicen que saben que es menos probable que se les hagan pruebas a minutos de salir de viaje, justo luego de un partido, por las necesidades de los equipos de llegar a la siguiente ciudad.

Aquellos que tratan de hacer trampas probablemente no van a ir a una farmacia local a conseguir sus medicamentos sin recetas, con todas las transacciones hechas siendo anotadas claramente en una libreta. No, probablemente su fuente va a ser alguien como Tony Bosch, un distribuidor que esté dispuesto a hacer dinero vendiendo sustancias ilegales a cualquier persona, desde chicos de secundaria a atletas profesionales. Tipos como Bosch no van a estar metidos en esto solo por querer ayudar al prójimo: están en esto por el dinero.

Aparentemente, muchos posibles tramposos recurrieron a Bosch — y hace rato que el béisbol dejó de creer que Bosch sea la única fuente. Ellos sospechan que existen otros distribuidores como Bosch, y que siempre lo va a haber. Algunos jugadores actuales que quieren que el deporte se limpie creen eso también.

En un mundo lindo y bonito, los oficiales de Grandes Ligas podrían sentarse a esperar a que los tramposos sean atrapados por su sistema de pruebas, pero en la entrevista de Bosch con el programa “60 Minutes” los otros días, criticó el sistema de MLB, tildándolo como “casi como pan comido”.

Las pruebas que se hacen en el béisbol son rigurosas, según los estándares modernos, pero oficiales de las agencias de dopaje nos dirían que la ciencia va a estar más adelantada que las pruebas de detección — y hace 14 meses, habían muchos, muchos rumores sobre un epicentro de tramposos en Miami; yo escribí sobre los mismos en este mismo espacio en noviembre de 2012.

En un mundo lindo y bonito, MLB podría responder a los rumores sobre alguien como Bosch al llamar a las autoridades locales y pedirle a los policías del vecindario que vayan a la casa de Bosch a pedirle los documentos que tenga en su poder. Pero esa no es la realidad.

En cambio, MLB esperó y tuvo la esperanza por meses de que algún ente federal o estatal se involucrara en la pesquisa contra Bosch. Pero más y más, las agencias gubernamentales — e incluso los comités congresionales — han demostrado menos y menos interés en los casos de dopaje en el deporte. El gobierno gastó millones y millones de dólares en la persecución contra Roger Clemens yBarry Bonds, con poco o ningún resultado.

Así que cuando comenzaron a surgir las noticias sobre Bosch hace un año, las Grandes Ligas — a cargo del sistema de detección de drogas que administra para si mismo y para los miembros de la Asociación de Jugadores — tuvo una dura elección en sus manos. MLB podía:

A) Quedarse quietos y seguir esperando que su sistema de pruebas atraparía a los tramposos, aceptando las limitaciones de dicha estrategia y la probabilidad en aumento de que más y más jugadores utilizaran sustancias prohibidas ante la ausencia de acciones agresivas en su contra. Todo el mundo en el béisbol sabe esto por experiencia, porque la inacción es la base de la explosión del uso de esteroides en los años 90.

O…

B) Salir con todo en un gran esfuerzo por limpiar todo el desorden creado por Bosch y sus compradores. Igual que el general Sherman, ellos podrían utilizar una estrategia predecible y anticuada — o hacer un contraataque agresivo para intentar ganar una pelea que no comenzaron.

Esta no es una guerra que ellos hayan comenzado, pero en la que han tenido todo el interés de tener éxito. MLB utilizó su arma más grande a su disposición — su poderío financiero — y demandó a Bosch, yendo tras su dinero, y le obligó a cooperar.

Al final, 12 jugadores reconocieron estar acorralados por la evidencia y los testimonios provistos por Bosch, y aceptaron sus suspensiones, incluyendo a Ryan BraunAlex Rodríguez dio la batalla, perdió su caso de arbitraje, y al radicar un recurso legal en una corte federal el lunes, su equipo legal retó las tácticas utilizadas por los investigadores de Grandes Ligas.

Las Grandes Ligas han sido criticadas en varios círculos por sus métodos de investigación, por darle a Bosch incentivos económicos. Pero algunos jugadores te dirían por lo bajo que aunque tienen preocupaciones sobre posibles conflictos de interés — por ejemplo, los Yankees se beneficiarían de no tener que pagar impuesto de lujo si A-Rod era suspendido — ellos quieren que el béisbol de todo a conocer. Ellos quieren que el béisbol quede lo más limpio posible.

“Si ellos no pueden hacer todo lo posible por atrapar a los tramposos”, dijo un jugador en el verano pasado, “¿cuál es el punto?”

En el otoño, las Grandes Ligas tendían a responder los cargos por mala conducta contra Alex Rodríguez directamente, comunicado por comunicado, y yo he escrito aquí en varias ocasiones que no creía que eso fuese una buena idea. Yo creo en cambio, en responder en pocas palabras: Nos sostenemos en la evidencia.

No creo que fuese buena idea para Grandes Ligas el participar en el programa “60 Minutes” del domingo pasado, porque se percibió, en muchos círculos, que Selig y Manfred estaban haciendo un desfile de la victoria luego de casi blanquear a A-Rod.

Pero así es la naturaleza de la pelea en la que están ahora, y si todo es terrible y feo y brutal, como Sherman, bueno, tal vez ese es el punto.

• La pelea se ha tornado tan fea que Rodríguez ha demandado a su propia union, con una porción del recurso sometido el lunes dirigido a las acciones hechas por Michael Weiner, el ex presidente de la Asociación de Jugadores que falleció de cáncer en noviembre pasado. Muchas horas en los meses finales de Weiner se pasaron defendiendo a Alex Rodríguez, mientras Weiner se consumia lentamente por el cáncer terminal. Ahora Weiner ha sido demandado póstumamente, y esta es parte de la razón por la que la respuesta del nuevo jefe de la unión Tony Clark lució tan visceral:

“La Asociación de Jugadores ha defendido de forma vigorososa los derechos del Sr. Rodríguez a lo largo de la pesquisa de Biogenesis, y de hecho a lo largo de su carrera”, dijo Clark. “Las alegaciones del Sr. Rodríguez de que la asociación ha fallado en representarlo justamente son indignantes, y sus ataques grauitos sobre nuestro ex director ejecutivo, Michael Weiner, son inexcusables. Cuando todo esté dicho y hecho, confío que la Asociación de Jugadores haya prevalecido”.

A-Rod cometió su pecado más grave, según escribe Mike Vaccaro.

• A la fecha, Alex Rodríguez ha respondido preguntas sobre su uso de sustancias para mejorar el rendimiento solo a la emisora WFAN. Declinó responder preguntas a los abogados del béisbol el verano pasado, invocando su derecho a la Quinta Enmienda, y declinó testificar en su propia defensa en su audiencia de arbitraje.

Si Rodríguez tiene alguna probabilidad de prevalecer en su procedimiento legal, él va a tener que responder preguntas bajo juramento en algún punto del proceso. Basado en la información de la decisión de Frederic Horowitz, he aquí algunos ejemplos de preguntas que podrían hacérsele a Rodríguez, para que explique los 556 mensajes de texto y las 53 conversaciones telefónicas que tuvo con Bosch en 2012:

1. Su representación legal ha indicado que sus intercambios con Bosch eran sobre nutrición. En algunos intercambios, hablaron de las proximidad de las pruebas de drogas en el béisbol y sus muestras de orina. ¿Qué relación tiene esto con la nutrición?

2. En sus mensajes de texto, se hablaba de “gummies (píldoras)”, “pink food (comida rosa)”, y “liquid soap (jabón líquido)”. ¿Podría describirnos en detalle a que se refería con esto, como le ayuda eso a la nutrición, y el origen de esos apodos?

3. De acuerdo con los mensajes de texto, usted le dijo a Bosch en un punto que utilizara un ascensor de servicio, aparentemente para evitar ser visto — “Muchos ojos. Cuidado”, le dijo usted en un texto — y, en otro día, usted le instruyó que no le dijera a nadie su nombre completo cuando fuera a su casa. ¿Por qué?

La decisión de Horowitz incluye circunstancias detalladas al milígramo, según reporta el diario New York Times. Este fue un caso de aficionismo a capa y espada, según escribe Juliet Macur. Para A-Rod, el daño ya está hecho, según escribe Greg Cote. La cooperación de MLB con “60 Minutes” fue vengativa, según escribe Richard Griffin.

He leído en varios lugares el lunes que la ciencia sugiere que lo dicho por Bosch no suma nada, que varias de las cosas que le dijo a Rodríguez no hacían sentido.

Bueno, ¿alguna vez alguien pensó que existen diplomas universitarios para distribuidores de PED’s? ¿Acaso alguien piensa que los jugadores tienen una larga lista de potenciales fuentes de drogas, que recogen recomendaciones y resumés de cada uno y que sopesan sus cualificaciones antes de escoger quien les va a vender sus drogas basados en la ciencia?

 

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