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¿Por qué algunos negocios en San Juan no prosperaron?

Recientemente estuve de visita en un comedor – restaurante en esta ciudad donde acudí a comprar un servicio de alimentos, como naturalmente pudiera hacer todo aquel que sienta la necesidad de saciar su apetito producto al horario meridiano.

Allí en la sencilla y afamada fonda al entrar por sus puertas tipo bares del viejo oeste o vaqueros, me sorprendí e intenté devolverme al ver la cantidad de glotones en su interior que esperaban devorar el plato favorito del día, yo también era uno de ellos, porque hay una máxima en el ambiente de buscar qué comer, si ves la fila, es porque hay algo bueno, me quedé.

Al sentarme en una mesa que recientemente había sido usada, por algunos restos de comida que podían verse esparcidos por el mantel, una joven de aspecto muy humilde y atenta de aproximadamente unos 22 años de edad me alcanzó a ver con su penetrante mirada, la cual iba diciendo cosas agradables del día, eso fue lo que pude en no menos de 15 segundos percibir y adivinar que me atendería de inmediato.

Me saludó con mucho respeto, afecto y amabilidad, para mí fue la primera vez en mi vida que vi a esa chica, yo con mi pensamiento vacilaba la idea de que nos habíamos visto o saludado en algún lado del pueblo, pero lastimosamente no encontré ninguna imagen que me hiciera salir de la duda, y fue así, no nos conocíamos, ni siquiera por mi profesión que me hace ser una figura pública y la costumbre de que alguien con amenidad me salude.

Volvió y me pregunto, muy firme y con atención a mis respuestas, que ¿en qué me podía servir? Yo solo acote en decir ¿Cuál es el plato?  Diciéndome con parsimonia todo el menú de alimentos que había en ese negocio en ese momento.

Al responder y ella anotar en una pequeña libreta mi orden, me dio las gracias, y con disculpa me hizo la cuestionante de: ¿cuál es su nombre caballero, por favor?

Le dije: Héctor Solís, ella volvió a dar las gracias y pidió retirarse a conseguir la orden, yo pensé que al llevarse todo anotado hasta mi nombre, al volver algo fuera de lo que yo buscaba podía pasar para sorprenderme, ya fuera algún halago, un saludo, o un gesto de “Yo te sigo en tus programas o estoy en tus redes sociales” algunas de esas cosas, pero no.

La chica volvió a mi mesa, puso algunos utensilios, una jarra con agua fría, servilletas, y otras cosas, externándome con gran mesura señor Solís ¿desea algo más de lo que ha pedido, cerveza o refresco de cola? Y casi tartamudeando le dije, no con esto me basta, muy amable gracias, retirándose por momento.

Cuando transcurren 4 minutos, y ya la mesa tiene mi menú de comida servido, y las lindas palabras de la joven decir: que tengas buen provecho Señor Solís. Inmediatamente le entré con ganas a mi delicia de la hora, y al culminar mi almuerzo, les cuento que la joven estaba muy atento a alguna gesticulación mía o de otros clientes (observé mirando de reojo), luego me quedé sentado por espacio de otros 10 minutos en reposo y placer, pero totalmente encantado, no por colmar mi hambre, sino por la grata atención que merecí por esa chica que con tanta cortesía, atención y buen manejo para los clientes, cosa no tan común en muchos de estos tipos de negocios, hizo que ese lugar sea uno de los favoritos míos para ir a degustar de un exquisito plato criollo.

Ganó un cliente más ese comercio, pero no lo ganó por una buena publicidad, no fue por bonitas mesas y manteles de flores, tampoco por la música romántica de Marco Antonio Solís que sonaba allí, la ganó por una pieza importante en lo que se conforma como un equipo de hombres y mujeres orientados a dar un buen servicio iniciando por la cortesía y respeto al cliente que tiene la razón por ser el consumidor y quien da la última palabra para que un negocio este abierto o pueda cerrar.

Por eso cierro esta hermosa experiencia diciendo que la norma de la cortesía es la comunicación más placentera que posee una persona y esto no requiere de algún nivel académico, sino principios y valores fundados.

Ser cortés sólo hace el bien y toca lo más profundo del sentimiento humano. El saludar fortalece, conteste o no la persona, si usted repite el saludo cuando la persona no contesta, usted termina humillándola.

! ! Hasta pronto!

Por Héctor Solís T.

Periodista / Locutor / Docente

Productor de medios de Com.

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