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LA EDUCACIÓN DOMINICANA: un cuadrilátero de sectores

Es sabido que la educación desde sus orígenes, ha sido dirigida por los intereses de élites sociales. Partiendo de las enseñanzas filosóficas en la antigua Grecia, pasando por la escolástica medieval, hasta la formación institucional moderna. Los sectores de poder siempre han estado envueltos en las escuelas, ya sea preocupados por el desarrollo social o por la preservación de sus intereses.

La República dominicana no ha sido la excepción. En sus inicios y estructuración, la educación criolla fue dirigida por grupos de poder y esta propia sectorización ha provocado en la historia diversos enfrentamientos por su control o incidencia. En este sentido podemos mencionar la pugna entre el positivismo de Hostos, frente al conservadurismo del dictador Heureaux; el liberalismo laico de Bosch, contra la tradición eclesiástica católica.

En la actualidad, el Pacto Nacional para la Mejora Educativa en la República Dominicana (2014- 2030) es fruto del consenso de diversos sectores (Sociedad civil, empresarios, sindicato de profesores, las iglesias y el gobierno) que se aliaron en la conformación teórica de dicho documento, con la intención de priorizar los intereses sociales sobre los grupales, y los colectivos por encima de los individuales. El Pacto Educativo, en su génesis, está orientado a responder a las exigencias nacionales y a las de la agenda  internacional correspondiente a la educación, específicamente al Objetivo de Desarrollo Sostenible No. 4 de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO). La educación es importante para la evolución del país y es vista de manera fundamental por el programa de desarrollo sostenible, porque está ligada a otros objetivos planteados, como son: Salud y bienestar; Igualdad de género; Trabajo decente y crecimiento económico; Producción y consumo responsable y Acción por el clima. En otras palabras, algunas metas de los objetivos mencionados están estrechamente abrasados a la educación de calidad.

El Estado dominicano ha tratado de asumir su rol como garante de una educación inclusiva, equitativa y de calidad, poniendo en marcha una gran reforma para adecuar todo el Sistema Educativo a los deseos exigidos en el Pacto, pero lamentablemente, algunos puntos del acuerdo sólo fueron asumidos de manera teórica en el papel, y en su ejecución han provocado grandes diferencias entre los actores envueltos, ya sea por intereses sectoriales o por su incumplimiento. Estas confrontaciones han convertido a la educación del país en un verdadero cuadrilátero, donde se lucha de una esquina a otra por beneficios grupales.

A continuación tres puntos que han activado el sonido de la campana y la subida al ring de todos los sectores:

3.1.6 Fortalecer e implementar los programas de educación afectivo-sexual, así como esquemas de apoyo y acompañamiento a madres y padres adolescentes, para garantizar su permanencia en el Sistema Educativo.

4.2.1  El cumplimiento del horario y calendario escolar, es un elemento esencial establecido en nuestra Constitución. Su cumplimiento genera responsabilidades legales compartidas entre el Estado,  los maestros y las maestras, los directores y las directoras, las familias, los estudiantes y otros miembros de la comunidad educativa, partidos políticos y otros colectivos de las comunidades nacional y local. Respetar el horario y calendario escolar se asume como uno de los compromisos irrenunciables de todos los firmantes de este pacto.

5.3.4 Crear un espacio permanente de diálogo y seguimiento entre el Ministerio de Educación y el sector docente organizado que permita, en el marco y el espíritu del Pacto Educativo, la exaltación del valor de la carrera docente y el compromiso recíproco del cumplimiento de estos acuerdos.

Las citas anteriores, extraídas del Pacto Nacional para la Reforma Educativa en la República Dominicana, reflejan elementos incumplidos a causa de las luchas entre los sectores. Se hace necesario un compromiso honesto, donde la flexibilidad, tolerancia y sincronía se pongan de manifiesto para hacer realidad cada uno de los 111 puntos del acuerdo, y así conducir al país hacia la agenda mundial de desarrollo 2030.

Sólo basta con ver los medios de comunicación locales para entender el grado de enfrentamiento entre las entidades que inciden en la educación. En una esquina, la sociedad civil dirige sus puños contra  la iglesia Católica por la falta de la Educación sexual y la iglesia le responde con un uppercut acusándola de promover el libertinaje. En la otra esquina, el MINERD patea a la ADP, por el paro de docencia y el sindicato se revela con un gancho de derecha  protestando por el incumplimiento del incentivo al desempeño. Entonces, los empresarios entran en escena y envían a la ADP a las cuerdas culpándola de no trabajar y el gremio se los quita de encima reclamándoles por quererla desacreditar…

Y así pasa el tiempo,  con poco diálogo, entre golpes bajos y bofetadas como si la educación actual fuera una cartelera de boxeo sin réferi, y no un medio para el desarrollo sostenible del país. Lo triste de esta lucha es que quien cae noqueado, por estar en el centro del cuadrilátero, es el estudiantado pobre, el que día a día sufre las envestidas de las discrepancias de estos sectores.  

Por: Keysa Melo

Senny Martínez

Marilú Sánchez

Iris Santos

Isabel Familia

Alfonso Sánchez

Elena Alcántara

Lemis Santana

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