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Hacía una educación por competencias; competencias básicas o comunes, y competencias profesionales.

LA FALTA DE COMPETENCIAS SOCIALES BÁSICAS, COMO EL RESPETO A LAS NORMAS A SEGUIR EN LOS ACTOS PÚBLICOS, DIFICULTAN EL DESARROLLO DE CUALQUIER ACTIVIDAD SOCIAL.

El término competencia es relativamente joven, porque empezó a introducirse en los currículos educativos de España a partir de 1990. Para hablar de competencia hay que pensar en un currículo basado en competencias, que es aquel que tiene como finalidad el uso del conocimiento para hacer frente a las situaciones de orden personal, educativo, profesional, público y científico.

Se entiende por competencia, la capacidad de usar los conocimientos en un determinado contexto para hacer frente a una situación determinada. Las competencias pueden ser básicas o comunes y profesionales. Las básicas y comunes son aquellas que deben ser alcanzadas durante la educación básica. Para el aprendizaje de ellas, se pueden considerar cuatro contextos propuestos por el Dr. Jesús María Goñi de la Universidad del País Vasco, los cuales son: personal, familiar, social y profesional. Estos contextos hay que verlos como ámbitos de actuación, como la geografía de acción humana, ya que los mismos constituyen la clave correcta para la comprensión de un currículum basado en competencias.

Las personas desarrollan sus competencias personales y familiares en el ámbito de la familia, mientras que van a la escuela para aprender un oficio. La iglesia y el estado pueden regular los comportamientos sociales. Resulta muy difícil pensar que se pueden desarrollar programas de desarrollo de competencias en los ámbitos profesional y académico, sin antes y como base general de los mismos no se han logrado el desarrollo de competencias básicas en los contextos personal y social. Porque sin un equilibrio personal que permita a las personas el desarrollo autónomo de su vida, sin un entorno familiar acorde con la vida diaria y sin competencias sociales que faciliten y hagan posible la vida social, resulta imposible pensar que podemos plantear programas para el desarrollo de competencias más específicas.

La falta de competencias sociales básicas, como el respeto a las normas a seguir en los actos públicos, dificultan el desarrollo de cualquier actividad social, incluidas aquellas que deben trabajar competencias de orden académico y profesional. Un ejemplo bien claro de competencias básicas, entendidas como las necesarias para poder moverse adecuadamente en los contextos que resultan comunes a todos, son las competencias lingüísticas. La comunicación humana se basa en el lenguaje y sin un dominio del mismo, en sus diferentes registros: formal e informal, es imposible el desarrollo personal y la integración social.

La enseñanza básica, sea cual fuere su extensión en los diferentes sistemas educativos, debe tener como objetivo fundamental el desarrollo de las competencias básicas, porque el resto de competencias no son comunes a todos, como lo es el caso de las competencias profesionales, que son aquellas que son necesarias para la integración plena de una persona en el medio laboral.

Las competencias profesionales no son comunes a toda la población, por lo que su objetivo principal es desarrollar la pericia necesaria para que los ciudadanos puedan insertarse en el mundo laboral en sus diferentes niveles. Estas se desarrollan con posterioridad a las competencias básicas. Cabe destacar que el desarrollo de las competencias básicas debe estar presente en toda acción educativa, aunque su importancia varíe de unos momentos a otros dentro de la vida educativa de las personas.

En definitiva se puede afirmar que la educación básica y obligatoria debe centrar su currículum en el desarrollo de las competencias básicas como forma de cumplir con su función educativa primordial, ya que estas son la base para el desarrollo de las competencias profesionales. La enseñanza de las competencias profesionales exige un planteamiento distinto de los aprendizajes de tipo general. Debe centrarse en una actitud reflexiva.

Por Enércida Alcántara Mora.

La autora es docente de la UASD y el LTPHU

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