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El legado de un Partido. Los ochenta años del PRD (Artículo)

Con motivo del octogésimo aniversario del Partido Revolucionario Dominicano, partido nacido en el exilio, en una histórica reunión celebrada en La Habana que dio fruto a los principios democráticos actuales, quiero aprovechar la celebración para reivindicar los grandes valores que impulsó esta organización en nuestro país, haciendo énfasis en el diálogo y el consenso democrático. Una forma de actuar que posibilitó la transición del régimen dictatorial que azoto el país a la democracia tan anhelada de la que hoy gozamos y que marcó un exitoso modelo político de libertades públicas, garantizando conquistas sociales de gran trasfondo y más allá, el origen de la Constitución del 63, la Carta Magna más valorada de nuestra República, creada para ser los cimientos de una sociedad libre e independiente.

Por tanto, al margen de dichas celebraciones, este aniversario debe servirnos para poner en valor la parte más positiva de su legado: el de un partido que trajo la democracia a República Dominicana, la defendió del trujillismo, de las intervenciones militares y contribuyó de forma notable a la proyección internacional del país.

Los partidos políticos, los agentes sociales y económicos, los ciudadanos y, por supuesto, los responsables institucionales, desde el primero hasta el último, no deberían olvidar la enorme transformación democrática de República Dominicana durante estos 80 años. Los problemas internos de sus líderes no pueden hacer sombra a los múltiples aportes a la sociedad dominicana en momentos de enormes dificultades políticas, económicas y sociales, hecho que ya reclamaba el Dr. Jose Francisco Pena Gómez con estas palabras “La Nación está cansada de la lucha interna, harta de dimes y diretes de políticos, hartos de ambiciones, hartos de palabrería y ayuno de realizaciones”. 1992.-

En esta línea ¿las nuevas generaciones nos hemos preguntado cómo sustentar el legado? Como punto de partida debemos asumir cual sacerdocio los valores que permitieron la reconciliación nacional y la democracia de una República Dominicana que ha visto la sangre correr de muchos héroes que lucharon por ella, como Pena Gómez, gran ejemplo de entrega. Pero, sobre todo, no podemos obviar que los jóvenes somos los responsables de tomar el legado de los líderes actuales del partido y a su vez, convertirnos en ejemplo y fuente de inspiración de las generaciones futuras que tomaran las riendas de un partido que es, y seguirá siendo, historia de nuestra patria.

La juventud dominicana debe participar en política, el PRD tiene las puertas abiertas como ha reiterado su presidente, Miguel Vargas. Por ello, como base de una sociedad en la que aún falta mucho por hacer, este partido constituye el instrumento más idóneo para que puedan canalizar el deseo de cambiar una realidad que aun tiene un amplio margen de mejora. Así lo han demostrado los históricos lideres del partido que desarrollaron su carrera política desde temprana edad, es por esto que las huellas de los jóvenes del PRD están presente en los episodios más trascendentales de la historia dominicana, dando lugar a que la juventud perredeista juegue un papel clave en el marco de las libertades y derechos de nuestro país. Con la visión y pasión de nuestros jóvenes dominicanos, el PRD puede resurgir como el ave fénix y devolver la luz con la misma intensidad con la que brilla y arde el Jacho en la oscuridad de la noche, devolviendo esperanza al desvanecido, al olvidado y al oprimido.

Me despido citando unas estrofas del himno con las que considero que todo dominicano se identifica “vence el miedo cobarde que asalta tu esforzado y viril corazón… que nuestro brazo potente quebrante la oprobiosa cadena que oprime; dale luz y consuelo al que gime y al que yace en el suelo, levanta”. Ochenta años después, sigue vivo el Partido Revolucionario, el partido del pueblo, de la libertad.

 

Autor:
Gabriel Mascaró

Abogado – Político

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